Los edulcorantes artificiales, desarrollados hace aproximadamente un siglo, surgieron como respuesta de la industria alimentaria como sustitutos al azúcar convencional (sacarosa), caracterizándose por tener un mayor poder edulcorante, además, al no ser metabolizados no proporcionan energía (calorías). Al ser un producto totalmente sintético, se realizaron las convenientes pruebas toxicológicas y los estudios necesarios para determinar si estas sustancias planteaban algún riesgo para la salud humana.
‘’De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Food and Drug Administration norteamericana (FDA), fundamentándose en el resultado de diversas investigaciones, avalan los beneficios de los endulzantes artificiales no calóricos para determinados grupos de población’’.  

Hasta aquí, todo parece correcto, pero… ¿Cómo actuarían estos edulcorantes a largo plazo? ¿Se valoró eso, o se miraron primero los intereses comerciales?

La revista Nature publicó un estudio en 20141, en el que se revela que hay una relación directa entre el consumo de edulcorantes artificiales y niveles elevados de glucosa en sangre. Así como alteraciones en la microflora gastrointestinal, fundamental para mantener un estado óptimo de salud.

Pero este no es el único estudio relacionado con los edulcorantes artificiales y la salud. Yale Journal of Biology and Medicine, 20102 Relaciona el aumento de peso y el consumo de edulcorantes artificiales presentes en alimentos y bebidas (light, sin azúcar).

Otros estudios como uno realizado por The Journal of Pediatrics, 20063, realizado a 2.371 niñas a lo largo de 10 años dio como resultado que ‘’El consumo de refrescos en general, tanto normales como light o sin azúcar, se asoció con un aumento de la ingesta total de energía diaria’’.

¿Cómo actúan los edulcorantes en nuestro organismo?

– Causan confusión metabólica. Cuando ingerimos alimentos dulces, el cerebro libera dopamina que activa el centro de recompensa del cerebro. Así mismo es liberada la leptina por parte de los adipocitos, hormona involucrada en el balance del control energético, y la saciedad. En la toma de edulcorantes, la dulzura se desacopla del contenido calórico del alimento, activando el centro de recompensa del cerebro, y no la leptina, promoviendo así el aumento del apetito.

‘’Los edulcorantes artificiales, precisamente porque son dulces, estimulan el ansia de azúcar y la dependencia del azúcar’’Este hecho, también se puede relacionar con una ganancia de peso.

– Además, gran parte de los consumidores al leer en el etiqueta ‘’sin azúcar’’, abusan del producto en cuestión, ya sea bebida o alimento, pensando que no tendrá efectos dañinos en su organismo.

¿Cómo identificarlos? se incorporan en el etiquetado de los alimentos con su nombre, o con el código E de aditivos, algunos ejemplos, E954 – sacarina, E955 – sucralosa, E420 – sorbitol, etc.

Ante esto ¿qué debemos hacer?

  • – No abusar de productos con edulcorantes artificiales, así como productos con otro tipo de edulcorantes como: jarabe de maíz, azúcar invertido, etc.
  • – Sustituir estos edulcorantes por edulcorantes naturales: stevía, azúcar de coco, miel, etc. (Que sean naturales, no significa tampoco que se pueda abusar de ellos?
  • – Reducir el consumo de alimentos ricos en ese tipo edulcorantes: bollería, refrescos, productos light por incorporación de edulcorantes, alimentos ‘sin azúcar’, productos para deportistas.
  • – Aumentar el consumo de productos naturales de calidad: frutas, verduras y hortalizas, legumbres y arroces, etc.

La conclusión es que sabemos muy poco y sin embargo es asombroso lo mucho que conocemos. Y más asombroso todavía que un conocimiento tan pequeño pueda dar tanto poder. – Bertrand Russell.

Nos vemos el próximo Domingo!

Besos!
Sara.


Bibliografía:

  1. Nature. 
  2. Yale Journal of Biology and Medicine, 2010
  3. The Journal of Pediatrics, 2006

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